martes, 26 de diciembre de 2006

Discontinuo

Un cadáver viviente. Sin luz, amargo y lúgubre.
Apestoso y asqueroso.
El día no llega y la mente vigilante se asoma,
pequeños toquiditos de campana me llaman a experimentar.
Con el cadáver que vive y que se parece a mi.
Se les olvidó enterrarlo, como a mi.
Desmayado y discontinuo sobre la arena de basura.
Por fin me despierta un hilo de luz que parece no ser del sol.
No lo quiero creer pero me levantó y camino hacia ella.
No hay más que horizonte blanco y plano. Lleno de nada.
El espacio-tiempo no existe en este valle.
Y nada sigue un curso.

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